LA INUTILIDAD DE DEFENDER LO INDEFENDIBLE

LA INUTILIDAD DE DEFENDER LO INDEFENDIBLE

Imponer la razón, tener la razón o no tenerla, es lo de menos. Lo que importa es no tener la necesidad de Imponerla.

Cuantas veces nos sucede que entramos en una discusión absurda por la tontería más increíble y no somos capaces de recular, de admitir nuestra equivocación, de dejar de defender lo indefendible y pedir perdón para poner punto final a la historia.

El caso contrario puede ser que sabemos que tenemos razón, pero también tenemos la convicción de que es literalmente imposible que la otra persona entre en razones, porque está comportándose del mismo que lo hacíamos nosotros anteriormente. Es decir, siguiendo para adelante como los burros con orejeras, sin detenerse ni mirar para los lados. Y nosotros seguimos erre que erre intentando convencer a nuestro oponente dialéctico.

Fijaros que tenemos ocasiones para aprender de nuestros errores y echamos al traste muchas de ellas por nuestro orgullo. Orgullo que ciega nuestro corazón tapandolo con el velo de la mente egotista, que solo actúa para defenderse a sí misma. No importa si la razón está con nosotros o en nuestra contra, más bien se trata no dar el brazo a torcer, pues nuestro orgullo se sentiría ofendido y nuestro ego vería amenazada su posición de privilegio.

Cuando eres consciente de que tu Ego intenta defenderse de otros egos y te das cuenta de que este Ego Falso Yo Embaucador que no eres Tú, está jugando contigo y con tu vida, aparece ante ti el Verdadero Ser que eres, puro Amor, puro Poder.

Son esos momentos en los que no te dejas llevar por la racionalidad humana ensombrecida por el ego, en los que eres capaz de conectar contigo mismo y tener pequeños atisbos de libertad. Comienzas a ser el dueño de tu vida y a disfrutar del libre albedrío. Libre albedrío para poder elegir si vas a dejarte llevar por tus condicionamientos mentales, por tus patrones de pensamiento repetitivos, que te atan y hacen que una y otra vez las experiencias de tu vida sean las mismas.

En una discusión no hay existe vencedor, solo dos vencidos, dos personas que se han visto arrastradas por sus respectivos egos y se han minimizado más que al nivel animal. Los animales al fin y al cabo siguen sus instintos, se comportan como tienen que comportarse. Nosotros solo hemos seguido nuestra idea imaginaria de quienes somos, y esa idea de quienes somos tiene que defenderse de la idea que otra persona tiene de quien es.

Que absurdo, no somos dos seres humanos defendiendo una posición, somos dos ideas distintas basadas en suposiciones mentales que se enfrentan entre ellas. No hay rastro de seres humanos en esta disputa, solo pensamientos egotistas que crecen gracias a que les hacemos caso y nos dejamos arrastrar por ellos.

Estamos tan encerrados en nuestras cárceles mentales, que no somos capaces de ver la luz del sol que subyace en cada disputa, en cada desencuentro y discusión. Cada vez que tengas el ímpetu de imponer tu idea sobre la de otra persona, obsérvate, cuenta hasta diez y piensa que no le estás dando la razón al otro, sino que estas concediéndole la libertad y el poder salir de la celda en la que te encierra tu mente.

No tienes que evitar la disputa, solo observa como tu mente ansía, disfruta, se muere de ganas por entrar a saco, y en ese momento privarle de ese placer, para darte otro mayor a ti, descubrir que eso que se ha frenado y ha observado a tu mente desde la distancia, es un milagro en sí mismo, ese ser eres TÚ.

 

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